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Cómo conseguir fotos naturales en pareja y familia si no sabes posar

Pareja embarazada caminando de la mano por un puente de madera en el campo, sin posar, durante una sesión de fotos natural

En un vistazo

  • No hace falta saber posar: te guío durante toda la sesión con movimientos y propuestas sencillas.
  • Las fotos naturales no salen solas: creo las condiciones para que pasen cosas entre vosotros.
  • Parejas, embarazo y familia con niños: juego, conversación y tiempo para quien tiene vergüenza.
  • Estudio en Sant Celoni, a unos 40 minutos de Barcelona, con bosque, puente y río al lado.

Hay algo que sucede con una frecuencia extraordinaria en mi estudio.

Una pareja llega, nos sentamos en el sofá, hablamos un rato y, antes de empezar, uno de los dos me advierte:

«Mía, nosotros no sabemos posar».

Lo dicen casi pidiendo disculpas. Como si hubieran venido a un examen sin estudiar.

Y a mí me hace gracia, porque llevan años sabiendo abrazarse, reírse juntos, cogerse de la mano y reconocerse entre una multitud. Pero basta con colocar una cámara delante para que, de repente, no sepan qué hacer con sus propios brazos.

Creo que nos han enseñado a pensar que para salir bien en una fotografía tenemos que convertirnos durante unos minutos en alguien que sabe ser fotografiado.

Y yo llevo años intentando exactamente lo contrario.

Las fotografías naturales no aparecen por casualidad

Hay una idea bastante extendida sobre la fotografía natural: que el fotógrafo simplemente observa, espera y captura lo que sucede.

A veces es así.

Pero muchas otras, especialmente cuando trabajo con parejas, embarazadas o familias que no están acostumbradas a una cámara, mi trabajo consiste en crear las condiciones para que sucedan cosas.

Porque decirle a alguien «sé natural» mientras le apuntas con un objetivo es probablemente una de las maneras más eficaces de conseguir que deje de serlo.

Lo he comprobado muchísimas veces.

Una madre se coloca junto a su hija. La abraza, sonríe y me mira esperando que dispare. La niña, que hasta hace un momento estaba hablando sin parar, se queda inmóvil.

Todo está correctamente colocado.

Y, sin embargo, falta algo.

Entonces les pido que se cojan de las manos y empiecen a girar. Que bailen un poquito. Que se separen, vuelvan a encontrarse y repitan el movimiento.

A veces incluso tengo que hacerlo yo primero.

Y ahí me tienes, bailando en medio del estudio para que dos personas que se quieren recuerden cómo divertirse juntas.

La primera vez suele salir regular.

La segunda, alguien se equivoca.

La tercera, ya se están riendo.

Y entonces aparece lo que estaba buscando.

No la postura. La relación.

Mi trabajo empieza hablando con vosotros

Antes de fotografiaros, me gusta sentarme con vosotros.

Quiero saber un poquito quiénes sois. Cómo estáis viviendo el embarazo, qué os hace ilusión, si os da vergüenza la cámara o si habéis venido porque uno de los dos ha convencido al otro.

No necesito conocer toda vuestra vida. Pero sí quiero que entendáis algo: no espero que lleguéis al estudio sabiendo hacer nada.

Durante la sesión os voy hablando, os propongo movimientos, os explico lo que estoy viendo y, si hace falta, me río con vosotros.

Hay personas que necesitan un poquito más de tiempo. Otras empiezan tímidas y acaban proponiendo ideas que no se les habrían ocurrido al entrar.

Y me encanta ver esa transformación.

Porque muchas veces lo que cambia durante una sesión no es la manera en que una persona se coloca delante de la cámara.

Es la manera en que empieza a sentirse delante de ella.

«Dile algo al oído que yo no pueda escuchar»

Pareja mirándose durante una sesión de embarazo en el estudio de Sant Celoni

Esta es una de mis indicaciones favoritas cuando fotografío parejas.

Al principio suelen colocarse frente a frente, abrazarse de una manera un poco extraña y sonreírme como si estuvieran anunciando un seguro de vida.

Entonces les digo que se acerquen.

Que uno le diga al otro algo al oído.

Pero algo que yo no pueda escuchar.

Me gustaría pensar que se están confesando grandes secretos, recordando el día en que se enamoraron o pronunciando alguna frase preciosa que llevarán consigo toda la vida.

Aunque sospecho que la mitad de las veces están hablando de comida.

De qué van a cenar.

De que uno se ha dejado las llaves.

O de alguna tontería que solo tiene gracia para ellos.

Y eso es precisamente lo que me interesa.

Porque no necesito escuchar el secreto.

Necesito ver lo que provoca.

Esa sonrisa que aparece antes de poder evitarla. Los ojos que se cierran. La cabeza que busca el hombro del otro. La carcajada que rompe por completo la pose que estaban intentando mantener.

Son gestos que pertenecen a su relación.

Yo no los he inventado.

Solo he encontrado una manera de que aparezcan delante de mi cámara.

No hace falta ser fotogénica para hacerte una sesión de embarazo

Pareja en el estudio, ella embarazada con sombrero sentada sobre él

Cuando fotografío a una mujer embarazada, hay algo que intento transmitirle desde el primer momento: no tiene que demostrarme nada.

No necesita saber posar, tener un cuerpo determinado ni sentirse espectacular durante todas las semanas de su embarazo.

Puede estar cansada. Puede tener días en los que se encuentre preciosa y otros en los que apenas se reconozca.

Y todo eso tiene cabida en mi manera de fotografiar.

Me gusta comenzar las sesiones con calma, explorar diferentes formas de luz y, poco a poco, trabajar desde la intimidad hasta una fotografía más artística y editorial.

A veces usamos ropa interior. Otras veces telas, seda, satén o tul. Podemos crear imágenes muy delicadas y otras con muchísima fuerza.

Pero nunca quiero que una mujer termine su sesión sintiendo que ha tenido que interpretar a otra persona para merecer una fotografía bonita.

No fotografío solamente una barriga.

Fotografío a una mujer que está viviendo una transformación enorme y que sigue siendo muchas cosas al mismo tiempo.

Puede ser madre, pareja, sensual, vulnerable, fuerte, divertida y contradictoria.

No hay ninguna necesidad de escoger una sola versión.

Y cuando aparece su pareja, tampoco quiero limitarme a colocar una mano sobre el vientre y pedir una sonrisa.

Quiero ver cómo se buscan.

Cómo se miran cuando creen que no estoy pendiente.

Cómo se ríen de algo que yo no entiendo.

Porque una fotografía de embarazo también puede contar la historia de dos personas que todavía no conocen a su hijo, pero que ya están empezando a hacerle sitio en sus vidas.

Los niños no tienen que colaborar. Tienen que poder ser niños.

Embarazada abrazando a su hijo durante la sesión, en blanco y negro

Una de las preocupaciones que más escucho de los padres es que sus hijos no se porten bien durante la sesión.

Y entiendo perfectamente ese miedo.

Han reservado una fecha, se han organizado, han preparado la ropa y quieren que todo salga bien.

Pero los niños no entienden una sesión de fotografías como la entendemos los adultos.

No saben por qué tienen que quedarse quietos cuando tienen ganas de correr. Ni por qué deberían sonreír si alguien acaba de pedirles que lo hagan por quinta vez.

Por eso prefiero jugar.

Sentarme en el suelo, hablar con ellos, dejar que se acerquen cuando quieran y proponer situaciones que les resulten divertidas.

Si una niña quiere bailar con su madre, bailamos.

Si un hermano quiere abrazar al bebé, buscamos la manera de hacerlo cómodamente.

Si alguien necesita quedarse un rato en brazos de su padre, también puede ser una fotografía maravillosa.

No necesito una colección de niños obedientes.

Quiero imágenes en las que una familia pueda reconocerse.

Y eso incluye la energía, las bromas, las miradas cómplices y también los momentos tranquilos.

A veces los padres llegan preocupados porque creen que su hijo no ha parado quieto ni un segundo.

Después ven la galería y descubren que, entre tanto movimiento, han aparecido fotografías que les emocionan.

Porque una infancia no se recuerda únicamente por los momentos en que alguien se quedó quieto.

¿Y si nos da vergüenza que nos fotografíen?

Entonces empezaremos por ahí.

La vergüenza no es algo que tengáis que esconder ni superar antes de venir.

Hay personas a las que les cuesta verse en fotografías. Otras no saben qué hacer cuando reciben atención. Algunas están acostumbradas a ser quienes hacen las fotos y apenas tienen imágenes en las que aparecen.

No voy a pedirles que dejen de sentirse incómodas por arte de magia.

Prefiero darles tiempo.

A veces empezamos hablando. Otras, con movimientos muy sencillos. Podemos caminar, sentarnos, acercarnos, separarnos o hacer algo que os resulte familiar.

No todas las personas se relajan de la misma manera.

Y no todas las fotografías naturales tienen que mostrar una carcajada.

También hay naturalidad en el silencio.

En una mano apoyada sobre otra.

En una mirada tranquila.

En esa manera que tiene una pareja de permanecer junta sin necesitar hacer nada extraordinario.

Me gusta fotografiar todo eso.

Las fotos más importantes no siempre son las más espectaculares

Me encanta la fotografía artística. Disfruto muchísimo creando imágenes cuidadas, trabajando con la luz y construyendo composiciones que podrían ocupar la portada de una revista.

Pero hay fotografías aparentemente sencillas que, con los años, adquieren un valor difícil de explicar.

Una madre riéndose mientras su hija le tira de la mano.

Una pareja abrazándose con esa confianza de quienes llevan mucho tiempo compartiendo la vida.

Un padre inclinándose para escuchar algo que le susurra su hijo.

Son gestos cotidianos.

Precisamente por eso corremos el riesgo de no prestarles atención.

Los repetimos tantas veces que creemos que siempre estarán ahí.

Hasta que un día nuestros hijos ya no necesitan que les demos la mano para caminar.

Hasta que dejan de pedirnos que bailemos con ellos.

Hasta que aquella manera de cogerlos en brazos desaparece sin que sepamos cuándo fue la última vez.

Y entonces una fotografía puede devolvernos algo mucho más importante que nuestra apariencia.

Puede devolvernos una sensación.

Preguntas frecuentes sobre las sesiones de fotos naturales

¿Tengo que saber posar para hacerme una sesión de fotos?

No. Te acompaño durante toda la sesión con indicaciones sencillas, movimientos y propuestas adaptadas a vosotros. No necesitas experiencia delante de una cámara.

¿Cómo conseguir fotos naturales con mi pareja?

Lo más importante es no intentar reproducir una pose perfecta. Me gusta proponeros pequeñas acciones que os permitan relacionaros entre vosotros: caminar, hablar, abrazaros o compartir alguna broma.

¿Qué pasa si mi hijo no quiere hacerse fotografías?

No lo obligamos a mantener una pose. Adaptamos la sesión a su edad, personalidad y necesidades, dejando espacio para el juego y los descansos.

¿Puedo hacerme fotos naturales estando embarazada?

Por supuesto. Mis sesiones de embarazo pueden combinar imágenes íntimas, espontáneas y artísticas, siempre respetando tu comodidad y las modalidades de sesión disponibles.

¿Dónde realizas las sesiones?

Trabajo principalmente en mi estudio de Sant Celoni, cerca de Barcelona y el Montseny. Algunas experiencias también permiten realizar fotografías en exteriores.

No quiero enseñarte a parecer feliz

Hay una diferencia enorme entre fotografiar una sonrisa y fotografiar lo que la provoca.

Por eso hablo tanto durante mis sesiones. Por eso os pido que bailéis, que os contéis secretos, que os mováis y que, de vez en cuando, hagáis alguna tontería conmigo.

No es porque necesite que todo el mundo esté riéndose constantemente.

Es porque quiero que dejéis de pensar en cómo os estáis viendo.

Que volváis a miraros entre vosotros.

Que durante unos minutos no estéis pendientes de vuestra barriga, de vuestra sonrisa, de si tenéis papada o de dónde colocar las manos.

Y que podáis estar juntos.

Dentro de veinte años, probablemente no recordaréis qué indicaciones os di durante aquella sesión.

Ni cuántas veces repetimos un movimiento.

Ni siquiera la mayoría de las bromas que hicimos.

Pero quizá vuestra hija encuentre una fotografía vuestra y reconozca esa forma tan particular que teníais de reíros juntos.

Y comprenderá algo que ninguna pose habría podido enseñarle: cómo era el amor en su casa antes de que aprendiera a ponerle nombre.

Si te apetece vivir una sesión de embarazo, pareja o familia conmigo, puedes escribirme por WhatsApp. Te contaré cómo trabajo en mi estudio de Sant Celoni y encontraremos la experiencia que mejor encaje con vosotros.


Escrito por

Mía García, fotógrafa de maternidad en Sant Celoni. Fotografío el vínculo y escribo sobre la herida.

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